La Predicación Expositiva y el Patio de mi Casa

La Predicación Expositiva y el Patio de mi Casa

Este verano mi esposa y yo decidimos arreglar el patio de nuestra casa el cual realmente tenía mucha necesidad de cuido y arreglo. Decidimos aplanar y rellenar todo el terreno con máquinas, y por supuesto después que terminamos tuvimos que sembrar yerba nueva. Uno de los pasos para poder tener un buen césped es echarle abono a la yerba para que pueda crecer saludablemente. Algo que me intereso mucho del abono que compramos es que decía en la etiqueta que servía para dos cosas. Una para abonar la yerba buena, y la otra para matar la yerba mala.

Recientemente estaba meditando en la predicación expositiva y los efectos que he podido observar en las personas que han sido expuestas a la misma en el lugar que Dios me ha puesto a servir. La misma tiene una similitud al abono que compre para echar en el patio de mi casa. Por un lado, alimenta la yerba buena y por otro seca la yerba mala.

La iglesia universal está llena de estos dos tipos de personas. Tenemos creyentes genuinos que aman realmente a Jesus y que anhelan cada día recibir el alimento de Su Palabra. Para ellos es un gozo el poder escuchar la Palabra ser predicada de manera expositiva. Es como abono puro que alimenta sus raíces y les hace crecer saludablemente, son yerba buena, y por ende, son nutridos por el abono. Como pastor, es un regocijo para mí el poder ver a estas personas… ver como con ansias reciben el alimento de la Palabra siendo expuesta fielmente. Es por ellos que semana tras semana paso largas horas sentado estudiando preparándome para poder servirles un buen alimento. Son ellos los que me motivan a comprometerme cada día mas a predicar expositivamente la Palabra.

El otro grupo de personas en la iglesia universal son los que de alguna manera se sienten cómodos con la idea de Dios, y con Jesus y que les gusta ir a la iglesia para buscar algún tipo de mensaje motivador que les haga sentir bien. Para este grupo, la predicación expositiva, es más bien como veneno ya que son como la yerba mala, la cual es secada por el mismo abono que alimenta la yerba buena. Estos no tienen interés de conocer más la Palabra, no tienen interés en la doctrina, ni la verdad, son ambivalentes y solo quieren que se les prediquen mensajes que les rasquen los oídos y los hagan sentir cómodos. No desean la Palabra en toda su pureza, sino un mensaje motivador que les ayude de alguna manera a sentirse bien con ellos mismos. Eventualmente no podrán soportar el peso de la Palabra de Dios sobre sus vidas y saldrán corriendo en búsqueda de algún predicador que les predique el mensaje que ellos quieren escuchar.

Todo pastor que desee predicar la Palabra de manera expositiva debe entender que muchas personas no van a querer escucharlo. Probablemente lo van a criticar y le van a decir loco (como ya me lo han hecho a mi). Mas, sin embargo, hay esperanza, Dios tiene ovejas que quieren escuchar el mensaje fiel de la Palabra. Dios tiene yerba buena que anhela recibir el abono que los hace crecer saludablemente. Nuestra responsabilidad es simplemente ser fiel al llamado de Dios. No olvidemos el mandato que Dios nos da a través de las palabras del apóstol Pablo:

Predica la Palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción.” (2 Timoteo 4.2, LBLA)

Ahora de vuelta al patio de mi casa. Esparcí la semilla, regué el agua, eché el abono, pero no tuve control sobre el crecimiento. Eso es algo que esta solo bajo el control de Dios. De la misma manera que Dios es el que hace crecer la yerba en el patio de mi casa, Él es el que da el crecimiento en la iglesia y en las vidas de Sus hijos. Pablo bien lo dijo:

Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento.” (1 Corintios 3.6, LBLA)