Solus Christus

Solus Christus

El tercer pilar que pondremos sobre nuestro fundamento de Sola Scriptura se le conoce como Solus Christus, o Solo por Cristo.

Aunque todos los principios que hemos enumerado hasta ahora son muy exclusivos, este es el más exclusivo de todos porque nos identifica quien es la única persona a través de la cual podemos ser salvos. Es esta declaración la que en realidad distingue al cristianismo de las demás religiones o creencias filosóficas. Mientras que todas las otras religiones tienen la tendencia a ser mutuamente inclusivas, o tolerantes las unas de las otras, el cristianismo es diferente ya que declara que no hay muchos caminos para llegar al cielo, hay un solo camino. Ese es el mensaje de la Biblia, ese es el mensaje del Evangelio. La salvación es posible, pero es solo posible a través de Jesucristo.

Jesús mismo lo declaro en Juan 14:6 cuando dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Vivimos en un tiempo en el cual todo el mundo quiere establecer su propia verdad. La noción prevalente en nuestra sociedad es que las opiniones de cada persona son igualmente válidas; o sea, que aunque mi opinión sea opuesta a la suya ambas son igualmente ciertas. Eso es imposible, dos cosas opuestas la una a la otra no pueden ser las dos ciertas, una de ellas tiene que por necesidad ser incorrecta. Ahora, en contraste a ese, note la exclusividad del mensaje del evangelio en este verso. Jesús dijo Yo soy… camino, verdad, vida. Nadie viene al Padre, sino por mí. Jesús es la Verdad absoluta y suprema. ¿Quiere decir que Jesús es la única cosa que podemos conocer? No, pero la realidad es que toda otra verdad o declaración ciertísima son contingentes a Él. O sea, podemos observar la naturaleza y podemos conocer muchas cosas; a través de simple observación hemos aprendido cosas como, que la tierra gira en su propio eje, cual es la distancia del sol a la tierra, que dos más dos es uno, que el agua está compuesta de dos átomos de hidrogeno y un átomo de oxígeno., entre muchas cosas más, pero todas esas cosas son contingentes, o sea dependen de la Verdad Suprema y Absoluta que es nuestro Señor Jesús.

Pablo nos explica esto de la siguiente manera:

15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Colosenses 1:15–20 (RVR60)

En 1 Timoteo 2:5 el apóstol Pablo también nos habla de la exclusividad de Jesús, el escribió: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Hay un solo mediador, Cristo Jesús. No Mahoma, no Buda, no María o los Santos católicos, no el Papa o el sacerdote, no los pseudo-apóstoles y profetas de hoy día, no un ministro súper ungido. Hay un solo mediador, ese es Jesús.

Ahora, no puedo cerrar este punto de Solus Christus sin antes hablarle al tiempo en que vivimos. Cuando alguien dice que cree en Jesús, a veces me veo tentado a preguntarles: ¿En cuál Jesús tú crees? Ya que muchas personas hablan de Jesús, pero cuando comparamos al Jesús que ellos profesan con el Jesús de la Biblia, descubrimos que existen muchas diferencias. Es lamentable ver como para muchos Jesús es un simple nombre el cual utilizan cada vez que tienen alguna necesidad personal o quieren llenar un deseo de su corazón, pero no es el nombre sobre todo nombre dado a los hombres ante el cual toda rodilla se doblara.

Si el Jesús en el cual tú crees no te hace caer de rodillas delante de su presencia, y no te provoca humillarte hasta más no poder, y no te lleva a odiar tu pecado y amar la justicia divina, y no te lleva a suplicar por su gracia y misericordia, y no te hace tener hambre por su palabra, entonces ese Jesús en el cual tú crees no es el Jesús de la Biblia, más bien, es un simple ídolo que has fabricado en tu mente y en tu corazón para satisfacer tus propios deseos personales y apaciguar tu propio sentimiento de culpa.

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