Saltar al contenido principal
Iglesia Bautista El Calvario

Membresía

Comprometidos los unos con los otros en Cristo.

¿POR QUÉ UNIRSE A UNA IGLESIA?

El propósito de la iglesia según Efesios

La epístola a los Efesios responde a esta pregunta. El capítulo 1 es una bella descripción de nuestra salvación. El capítulo 2 explica cómo somos salvos: por la misericordia y el gran amor de Dios (Efesios 2:4). Luego Pablo aplica esa verdad: la pared de separación entre judíos y gentiles ha sido derribada (Efesios 2:14–15), y ahora ambos son coherederos y miembros del mismo cuerpo (Efesios 3:6).

¿Por qué hizo Dios esto? Pablo responde:

“a fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales”

Efesios 3:10 (LBLA)

¿Por medio de la iglesia? Sí. La iglesia local es el centro del plan de Dios para glorificarse a sí mismo. Jesús lo dijo así:

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.”

Juan 13:34–35 (LBLA)

Un caso bíblico de membresía

¿Cómo llama la Biblia a los cristianos a relacionarse dentro de la iglesia local?

Amándose los unos a los otros

“Honrad a todos, amad a los hermanos, temed a Dios, honrad al rey.”

1 Pedro 2:17 (LBLA)

“Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.”

Gálatas 6:10 (LBLA)

“Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos.”

Romanos 15:1 (LBLA)

“contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad.”

Romanos 12:13 (LBLA)

Animándose los unos a los otros

“Por tanto, alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal como lo estáis haciendo.”

1 Tesalonicenses 5:11 (LBLA)

“y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.”

Hebreos 10:24–25 (LBLA)

Protegiéndose los unos a los otros

“Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados; de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.”

Hebreos 12:15–16 (LBLA)

Ver también 1 Corintios 5:1–5.

Obedeciendo a sus líderes

“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.”

Hebreos 13:17 (LBLA)

Juntándolo todo

Poner en práctica estos mandatos requiere tres características en nuestras relaciones dentro de una iglesia local:

  1. Relaciones comprometidas.
  2. Relaciones con un grupo definido de personas.
  3. Relaciones que dan permiso para hablar palabras difíciles a nuestra vida.

Eso es lo que la membresía en una iglesia local hace posible.

PACTO DE MEMBRESÍA

Confiamos que hemos sido dirigidos por la gracia divina para arrepentirnos y creer en el Señor Jesucristo. Renunciamos a nosotros mismos para vivir para Él, y habiendo sido bautizados como parte de nuestra profesión de fe, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora descansamos en Su gracia.

  1. Por lo que solemnemente y con regocijo renovamos nuestro pacto unos con otros.
  2. Vamos a trabajar y orar por la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.
  3. Vamos a caminar juntos en amor fraternal, como corresponde a los miembros de una iglesia cristiana.
  4. Ejerceremos un cuidado afectuoso y vigilante uno sobre el otro y fielmente nos amonestaremos y rogaremos unos por otros conforme la ocasión amerite.
  5. No dejaremos de congregarnos, ni descuidaremos nuestras oraciones por nosotros mismos ni por otras personas.
  6. Nos esforzaremos en todo momento en criar como se debe a los que estén bajo nuestro cuidado, en la disciplina y amonestación del Señor, y a través del puro ejemplo amoroso buscaremos la salvación de nuestra familia y amigos.
  7. Nos gozaremos de la felicidad de los demás y nos esforzaremos en soportar con ternura y simpatía las cargas y dolores de los demás.
  8. Buscaremos, con la ayuda divina, vivir con cuidado en el mundo, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, recordando que, así como hemos sido voluntariamente sepultados por el bautismo y resucitados simbólicamente de la tumba, de esta manera ahora hay en nosotros una obligación especial para llevar una vida nueva y santa.
  9. Vamos a trabajar juntos por la continuación de un ministerio evangélico fiel en esta iglesia, así como sostendremos su culto, ordenanzas, disciplina y doctrinas.
  10. Vamos a contribuir con alegría y de manera regular para el sostenimiento del ministerio, los gastos de la iglesia, el alivio de los pobres, y la propagación del Evangelio en todas las naciones.
  11. Cuando nos vayamos de este lugar, y tan pronto como sea posible, nos uniremos a otra iglesia en la cual sea posible llevar a cabo el espíritu de este pacto, así como los principios de la Palabra de Dios.

Que la gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros. Amén.

LA DISCIPLINA EN LA IGLESIA Y EL AMOR DE DIOS

¿Acaso parece que las palabras “disciplina en la iglesia” no combinan, como “dolorosa amistad” o “gracia condicional”? De hecho, la disciplina en la iglesia construye iglesias saludables y testigos vibrantes del Evangelio.

¿Qué es la disciplina en la iglesia?

En términos generales, la disciplina en la iglesia es parte del proceso de discipulado. Como en muchas áreas de la vida, el discipulado cristiano involucra tanto la instrucción como la disciplina, al igual que la práctica de un deporte o una clase de matemáticas.

En pocas palabras, la disciplina en la iglesia es la corrección del pecado. Comienza con la exhortación en privado. Termina, cuando es necesario, con la remoción de la membresía de la iglesia y de la participación en la Mesa del Señor. Generalmente la persona es libre de asistir a las reuniones públicas, pero ya no es miembro. La iglesia deja de afirmar públicamente su profesión de fe.

Hay una lista grande de pecados que dan motivo a una exhortación amorosa en privado. Pero la disciplina pública y formal se produce normalmente solo cuando el pecado cumple con tres criterios:

  1. Debe ser un pecado público o externo, que puede ser visto o escuchado.
  2. Debe ser un pecado grave, lo suficiente como para desacreditar la profesión de fe de la persona como seguidor de Jesús.
  3. Debe ser sin intención de arrepentimiento: la persona ha sido confrontada con su pecado, pero se niega a abandonarlo.

¿Es la disciplina un concepto bíblico?

La disciplina en la iglesia aparece por primera vez en Mateo 18, cuando Jesús habla de la persona que no desea arrepentirse de su pecado: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18:17). Es decir, tratarlo como a un extraño a la comunidad de fe. La persona ha demostrado que no quiere ser corregida, y su vida no es congruente con su profesión de fe.

Otro pasaje conocido, 1 Corintios 5, nos ayuda a ver el propósito de la disciplina:

  1. Expone el pecado. El pecado, así como el cáncer, busca ocultarse. La disciplina lo expone para que pueda ser extirpado (1 Corintios 5:2).
  2. Advierte. La iglesia no ejecuta el juicio de Dios por medio de la disciplina, sino que anticipa el gran juicio por venir (1 Corintios 5:5).
  3. Busca salvar. La iglesia la ejerce cuando ve a uno de sus miembros tomar el camino de muerte y ninguna advertencia lo detiene. Es el último recurso (1 Corintios 5:5).
  4. Protege. Así como el cáncer se propaga de una célula a otra, el pecado se propaga rápidamente de una persona a otra (1 Corintios 5:6).
  5. Preserva el testimonio de la iglesia. Aunque parezca extraño, la disciplina sirve a los no cristianos, porque hace a la iglesia distinta y atractiva (1 Corintios 5:1). Las iglesias son llamadas a ser sal y luz, y la sal que pierde su sabor “no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13).

¿Es la disciplina realmente amorosa?

La disciplina en la iglesia trata del amor en su esencia. El Señor mismo disciplina a los que ama (Hebreos 12:6), y lo mismo es verdad para nosotros.

Hoy muchas personas tienen una visión sentimental del amor (algo que nos hace sentir especiales), una visión romántica (que nos permite expresarnos sin ser corregidos) o una visión consumista (donde el amor debe encontrar el ajuste perfecto). En la mente común, el amor tiene poco que ver con la verdad, la santidad y la autoridad.

Pero ese no es el amor de la Biblia. El amor bíblico es santo. Exige algo de nosotros y produce obediencia. No se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad (1 Corintios 13:6). Jesús dice que si guardamos sus mandamientos, permaneceremos en su amor (Juan 15:10), y Juan dice que en el que guarda su palabra, el amor de Dios se ha perfeccionado (1 Juan 2:5).

¿Cómo se ayudan los miembros de la iglesia a permanecer en el amor de Cristo y a mostrar al mundo cómo es el amor de Dios? Ayudándose mutuamente a obedecer y guardar Su palabra, por medio de la instrucción y la disciplina.

¿CUÁNTO DEBERÍAMOS DAR?

En el Antiguo Testamento, Dios ordenó a su pueblo dar el diez por ciento de sus ingresos para el sostenimiento de los levitas, los maestros religiosos de la época. Ese no era el único diezmo: el pueblo daba tres diezmos distintos, un promedio de aproximadamente 23% de sus ingresos anuales, además del impuesto del templo y las ofrendas voluntarias.

Hoy hemos recibido en Cristo una bendición mucho mayor de la que los santos del Antiguo Testamento jamás pudieron imaginar. Para el cristiano, dar es una oportunidad maravillosa de tomar el dinero, un bien temporal que Dios nos ha confiado, e invertirlo en cosas eternas. Es también una oportunidad para soltar las cadenas con que el dinero puede atar nuestro corazón, y para dejar claro que Dios es suficiente. Pero para entender cuánto deberíamos dar, tenemos que examinar con cuidado lo que dicen las Escrituras.

Dar en el Nuevo Testamento

Muchos cristianos asumen que su responsabilidad empieza y termina con dar el 10%, y algunos ni siquiera hacen eso. Pero esa no es una imagen completa de lo que significa dar bíblicamente. El 10% es un buen punto de partida. Después de todo, Abraham dio el diezmo a Melquisedec cientos de años antes de que la ley lo requiriera, y Jesús en ninguna parte dice que no hay que diezmar.

Sin embargo, en todas las instrucciones a las iglesias del Nuevo Testamento el diezmo está ausente. Lo que vemos es a Pablo instruyendo a cada cristiano a dar “según haya prosperado” (1 Corintios 16:2). En otras palabras, da todo lo que puedas según tus posibilidades. El mismo apóstol escribe: “Y al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena con el que le enseña” (Gálatas 6:6). Toda cosa buena, no solamente el 10%.

Aun así, hay cosas que la Biblia considera más importantes que dar a la iglesia. Si alguien diera tanto que no pudiera satisfacer las necesidades básicas de su familia, Pablo diría que “ha negado la fe y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

En última instancia, el dinero es solo una de las muchas mayordomías que Dios nos ha dado. De la misma manera en que administramos nuestro tiempo, talentos y relaciones, debemos usar nuestro dinero de la mejor manera para la gloria de Dios. Comience dando el 10% de su ingreso (o menos, según las responsabilidades familiares de 1 Timoteo 5:8) y vea cada dólar como una oportunidad para glorificar a Dios. ¿Servirá mejor a Dios su próximo dólar si lo da a la iglesia, o si lo usa para pagar una niñera y así poder discipular a un cristiano más joven? ¿O si lo usa para llevar a su familia de vacaciones, disfrutar del regalo de la creación de Dios (1 Timoteo 6:17) y fortalecer esas relaciones familiares (Efesios 6:4)? Estas son las preguntas que cada uno tendrá que responder.

Si usted no tiene ingresos, su objetivo debe ser dar de lo que tiene (tiempo, relaciones, etc.), de manera que cuando reciba su primer ingreso, dar una parte de él sea algo natural.

Algunas consideraciones prácticas

  1. Dé a su iglesia local en primer lugar. Una buena aplicación de Gálatas 6:6 es que, si su iglesia local es su principal fuente de enseñanza, debe ser la principal destinataria de su ofrenda.
  2. Dé con regularidad y de forma deliberada. Pablo instruyó a los corintios a apartar dinero el primer día de cada semana (1 Corintios 16:2).
  3. Que no sea una decisión espontánea. Con su presupuesto en la mano, si es posible, considere cuidadosamente qué cantidad refleja el mejor uso de su dinero.
  4. Dé con sacrificio y con alegría. Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7) y nos llama a tomar nuestra cruz y seguirle (Lucas 9:23). No importa cuánto dé, es poco comparado con todo lo que recibe en Cristo.
  5. Busque sabio consejo. No debemos dar para impresionar a otros (Mateo 6:2), y no tenemos toda la sabiduría para decidir solos sobre nuestro dinero (Proverbios 15:22; 1 Timoteo 6:10). Sea transparente con al menos una persona en su iglesia acerca de su vida, incluyendo dónde y cuánto da.